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Carta Abierta a los diputados del Congreso Nacional y al Presidente de la República (Respaldo de la solicitud presentada en forma digital) 

 
Honorable señor Presidente del Congreso Nacional 
Honorables Diputados 
Honorable señor Presidente de la República
 
Nosotros, los abajo firmantes, en nuestra condición de ciudadanos interesados en el desarrollo sostenible con respeto a los principios generales del ambiente, los ecosistemas y en especial a la salud humana, respetuosamente nos dirigimos a ustedes para exponerles nuestra inquietud con relación al decreto que el Congreso Nacional aprobó el 16 de junio 2020 para “Interpretar los artículos 8, 11, 68, párrafo Segundo, 69 y 92 literal c) que contiene la Ley General del Ambiente en el sentido de que no es prohibida la importación, fabricación y /o reciclaje de baterías de plomo/ácido, selladas o nuevas o usadas”
 
Quienes pensamos que la vida humana está sobre cualquier otro tipo de interés vemos con preocupación que ese decreto permite interpretar que en Honduras es permitido importar, fabricar y/o reciclar baterías de plomo/acido, acciones que, en su conjunto o por separado, implican un riesgo extremo para la salud de las personas que de una u otra manera se exponen por manipulación o proximidad. Esto, que para los legisladores puede parecer un decreto inofensivo, puede tener graves repercusiones negativas para la salud humana. 
 
La Comisión para la Cooperación Ambiental de Canadá reconoce que las prácticas inadecuadas de reciclaje de baterías de plomo-ácido pueden dar lugar a trastornos graves y duraderos en la salud, tanto de los trabajadores como de la comunidad y el medio ambiente1 . 
 
En otro documento se afirma que “El plomo es un veneno muy potente. Cuando una persona ingiere un objeto que contiene plomo o inhala polvo de plomo, parte del veneno puede permanecer en el cuerpo y causar serios problemas de salud. La exposición al plomo en niños, con frecuencia ocurre por ingestión y la exposición al plomo en adultos es normalmente a través de la inhalación en su entorno laboral” 2 . 
 
En los países donde el reciclaje es permitido, se siguen rigurosas normas ambientales y el monitoreo provisto de recursos y capacidades que permiten verificar cada paso que se da en los talleres de elaboración o reciclaje. Esta no es la realidad en Honduras, ni la Secretaría de Salud, Recursos Naturales y Ambiente o la de Trabajo y Seguridad Social tienen presupuesto, capacidades técnicas, recursos y equipo adecuados para monitorear estas actividades que les permita evitar los efectos negativos asociados al reciclaje de baterías de plomo (ver anexo). 
 
El decreto del Congreso Nacional abarca cinco artículos de la Ley General del Ambiente que además de colisionar con las reglas de interpretación contenidas en los artículos 17 al 20 del Código Civil, es potencialmente negativo porque a su amparo diversas actividades lesivas para la salud humana puedan aprovecharse de los espacios que da esta interpretación. No se consideró el principio “in dubio pro natura” (ante la duda, actuar a favor de la salud, la naturaleza o el ambiente), que es la base del Derecho Ambiental, derivado de la Cumbre Mundial del Ambiente, suscrita por Honduras. Tampoco se tomó en cuenta el interés público y el bien común, que según la Ley General del Ambiente “constituyen los fundamentos de toda acción en defensa del ambiente”, siendo su custodia un deber ineludible del Estado.
 
Llama la atención que para el dictamen del proyecto de decreto no se consideró a la Comisión de Ambiente y Cambio Climático, que por su naturaleza debería conocer de este tema, nombrando una Comisión Ad hoc, integrada por algunos diputados reconocidos por su defensa a la salud y la ciudadanía, que dieron su aprobación al proyecto, quizás por falta de información o de asesoría de expertos.
 
La lectura del decreto se presta a malas interpretaciones. Mientras el Artículo 1 se refiere solo a las baterías de plomo-ácido, en el artículo 2 se abre a todo tipo de productos o desechos, algunos seguramente tóxicos o peligrosos, con el solo registro de las empresas o industrias en MiAmbiente, con lo cual se estaría legitimando una actividad extemporánea e ilegal, habida cuenta que la Ley General del Ambiente desde su texto original en 1993, estableció que:
 
“Los proyectos, instalaciones industriales, cualquier otra actividad pública o privada, susceptible de contaminar o degradar el ambiente, los recursos naturales o el patrimonio cultural o histórico de la Nación, serán precedidos obligatoriamente de una evaluación de impacto ambiental que permita prevenir los posibles efectos negativos” (Art. 5).
 
Puede entenderse también, que los productos o desechos clasificados en el Convenio Basilea podrán importarse y que se notifique su movimiento transfronterizo lo cual es una carta abierta para introducir no solo baterías, sino cualquier tipo de desperdicio. Esto sería una regresión contra el Convenio de Basilea y otros tratados internacionales suscritos por Honduras, que regulan el movimiento transfronterizo de desechos peligrosos y establecen obligaciones a las Partes para asegurar el manejo ambientalmente racional de los mismos, particularmente en lo referente a su disposición.
 
Por todo lo anterior, los abajo firmantes solicitamos muy respetuosamente a los diputados del Congreso Nacional no enviar el decreto para la sanción del Ejecutivo, y si se ha hecho, sea retirado oficialmente para su abrogación. Rectificar es de sabios.
 
Al Presidente de la República, que en caso de recibir el decreto mencionado, para su sanción, lo vete, para evitar posibles repercusiones que afectarán al país por falta de cumplimiento a los tratados internacionales. Aprobar, en Consejo de Ministros, el marco regulatorio de los residuos, incluyendo los peligrosos. Hay que regular primero la problemática de las baterías acido plomo usadas y otras corrientes de residuos de procedencia nacional como los hospitalarios, antes que pensar en importar problemas.
 
(Más sobre el mismo tema se puede leer en los pronunciamientos de: Colegio de Ingenieros Ambientales de Honduras; Colegio de Ingenieros Forestales de Honduras; Instituto de Derecho Ambiental de Honduras y Gremio de Profesionales de la Ingeniería Ambiental de Honduras, y de otros colectivos que se pronuncien al respecto).
 
Tegucigalpa, MDC, 22 de junio de 2020
 
ANEXO 
 
EFECTOS NEGATIVOS DE SUSTANCIAS ASOCIADAS CON EL RECICLAJE DE BATERIAS USADAS EN LA SALUD HUMANA Y EL AMBIENTE (Tomado de: Desechos tóxicos: beneficio de unos pocos (https://desechostoxicos.wordpress.com/reciclajede-baterias/)
 
  • El plomo (pb) es un metal que el cuerpo humano no puede metabolizar, se acumula cada vez que se inhalan las finas partículas suspendidas en el aire o se ingieren alimentos contaminados; produce daños en los riñones, en el cerebro y el sistema nervioso central, llega a causar vómito, calambres musculares, anemia, cáncer y malformación en fetos. El plomo se puede filtrar a través del suelo y contaminar las aguas destinadas para la actividad agraria, afectando a la cadena alimenticia hasta llegar de nuevo al hombre. 
 
  • El ácido sulfúrico (H2SO4 ) es un líquido oleoso que provoca quemaduras en la piel, vertido directamente al agua la contamina al alterar su temperatura y nivel de acidez (pH); A TEMPERATURA AMBIENTE DESPRENDE anhídrido sulfúrico (SO3 ), contribuyendo a la formación de lluvia acida, esta produce irritación en el sistema respiratorio de los humanos, afecta las edificaciones al corroer sus estructuras metálicas y acidifica las aguas superficiales afectando al flora y la fauna. 
 
  • El alquitrán es un residuo negro y pegajoso compuesto por miles de sustancias químicas, algunas de las cuales se consideran carcinogénicas o están clasificadas como residuos tóxicos. Entre las sustancias que componen el alquitrán del tabaco, se encuentran los hidrocarburos aromáticos policíclicos, aminas aromáticas y compuestos inorgánicos. Es importante señalar que el alquitrán obstruye los pulmones y afecta a la respiración, siendo al igual que los otros componentes de los cigarrillos, el causante de la toxicidad de éstos. El alquitrán se acumula en los pulmones, irrita la faringe y la laringe, lesiona las cilias y la mucosa bronquial, produce tos crónica, enfisema, bronquitis, asma y cáncer.

 

  • El monóxido de carbono (CO) es un gas tóxico que impide la absorción de oxígeno, disminuye el rendimiento cerebral, reduce la agudeza visual, produce dolor de cabeza, mareo, somnolencia, genera cambios estructurales en el corazón y el cerebro de animales, contribuye a la formación de humo y al calentamiento global del planeta. 
 
  • Dióxido de nitrógeno (NO2 ) es un gas que causa infecciones respiratorias como fibrosis pulmonar y bronquitis, irritación en los ojos y la garganta, contribuye a la formación de humo fotoquímico, el cual reduce la visibilidad y dificulta el crecimiento de las plantas. 
 
  • El dióxido de azufre (SO2 ) es un gas que causa infecciones respiratorias y contribuye a la formación de lluvia ácida.
 
  • Las partículas sólidas suspendidas en el aire son diminutos trozos que causan problemas respiratorios, irritan las membranas mucosas y producen cáncer pulmonar. 

El procesamiento de los componentes de las baterías usadas implica con regularidad la exposición permanente de los trabajadores al daño potencial que puede causar en la salud humana el contacto con el ácido sulfúrico, el humo proveniente de las fundición y los vapores que se producen al derretir alquitrán. Realizar el reciclaje de baterías usadas sin contar con la dotación de prendas y elementos de seguridad industrial suficientes e idóneos, ni con programas de capacitación, control y prevención, tendientes a minimizar los riesgos en la salud por exposición a estos compuestos derivan en problemas notables de salud ocupacional. Estos son algunos de los costos productivos en que el sector informal evita incurrir de modo económico directo, pero finalmente se descuentan vía reducción de productividad y/o años de vida perdidos por los trabajadores. 

El reciclaje fomenta el comercio de desechos tóxicos. China, India y Nigeria son destinos para la chatarra electrónica. 
 
La mayoría de los estadounidenses piensa que ayuda al medio ambiente cuando recicla sus computadoras, televisores o teléfonos celulares usados. Pero lo más probable es que estén fomentando el comercio global de desperdicios electrónicos, el cual pone en peligro a numerosos trabajadores y provoca una grave contaminación en el extranjero.

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